LA ANGUSTIA Y LOS TRASTORNOS DE ANSIEDAD

Cuando no queremos saber nada de nuestra sexualidad

 

El término “ansiedad” proviene de la palabra “ansia”, cuya raíz proviene a su vez del latín anxius, que significa “angustiado” y de angor, que significa angustia y que se refiere a la estrechez o estenosis respiratoria, que se produce durante algunos ataques de angustia. Así pues, la ansiedad se caracteriza por ser un estado de agitación, de inquietud o de zozobra. En general se trata de una congoja o fatiga que causa una gran inquietud o violenta agitación en el cuerpo, acompañada de angustia o aflicción anímica.

La caracterización y detallada descripción que lleva a cabo Freud de los trastornos de ansiedad, en virtud de la llamada neurosis de angustia, mantiene su vigencia en los manuales de psiquiatría actuales.

El complejo sintomático propio de la neurosis de angustia está caracterizado por excitabilidad general, espera angustiosa, perturbaciones de la actividad cardiaca (palpitaciones, arritmias breves, taquicardia) y de la respiración, sudoración, temblores y convulsiones, bulimia, diarrea, vértigo, sensaciones de hormigueo, adormecimiento o ardor, pavor nocturnus y cierto tipo de fobias.

Tales síntomas se presentan juntos frecuentemente o de forma de forma independiente y aislada.

La etiología de estos trastornos debe buscarse en la dificultad que algunos sujetos presentan para elaborar lo somático por vía psíquica. Dicho en otras palabras, es como si el sujeto no tolerara pensar, o elaborar psíquicamente, aquellos estímulos que su propio cuerpo produce, tales como los estímulos de su sexualidad. Al producirse cualquier tipo de excitación orgánica, el sujeto en cuestión, en lugar de elaborarlo tanto física como anímicamente, lo elabora solamente con el cuerpo.

En contraste con lo que ocurre en la histeria, en donde es lo psíquico lo que no puede ser elaborado anímicamente, produciendo lo que se conoce como conversión, en la neurosis de angustia el enfermo no tolera psíquicamente ningún nivel de excitación, por pequeño que este sea. Cualquier excitación debe ser descargada inmediatamente.

El psicoanálisis está especialmente indicado para este tipo de pacientes, pues su cometido es hacer que el sujeto tenga acceso a la palabra, a la elaboración simbólica, es decir, que el sujeto hable con otra cosa que no sea su cuerpo, alcanzando una elaboración psíquica de aquello que por ahora sólo discurre a nivel somático. En definitiva, para que aprenda a gozar de otra manera.

Aunque el sujeto que padece neurosis de angustia por lo general no adolece de lesiones orgánicas “serias”, la imposibilidad de mantener durante mucho tiempo la inmovilidad de su libido (detenida en ciertas formas del goce), le habrá de llevar hacia estructuras más graves, como las enfermedades psicosomáticas.

En estos casos de angustia y trastornos de ansiedad es, por tanto, muy importante buscar la atención de un especialista. Porque, aunque el sujeto siempre se expresa, hay que saber escucharlo.

 

Ruy J. Henríquez Garrido
Psicoanalista