LA DEPRESIÓN Y SU TRATAMIENTO

 

Cuando se dice que la depresión es una enfermedad sin rostro, se quiere señalar que se trata de una enfermedad que aparece bajo múltiples aspectos y no sólo, como puede llegar a creerse, bajo el ropaje de la tristeza.

La depresión posee múltiples aspectos clínicos, algunos de los cuales recuerdan más a las afecciones somáticas que a las afecciones psíquicas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en un informe reciente, advierte sobre la participación de la depresión en el origen de numerosas enfermedades orgánicas: cáncer, infarto, artritis reumatoide, etc.

Como sabemos, las apariencias engañan. A veces llegamos a pensar que no es bueno que una persona esté triste. Pero comparada con la depresión, la tristeza es un grado de salud. Todas las situaciones de cambio (la adolescencia, terminar los estudios, contraer matrimonio, separarse de algo o de alguien, la menopausia, etc.), implican un cierto grado de tristeza, por cuanto en todo cambio o transformación, la realidad nos pide que abandonemos antiguas posiciones para asumir unas nuevas.

Por ejemplo, cuando perdemos a alguien, un ser amado, o algo anímicamente equivalente (como puede ser un ideal), solemos pasar por un periodo de duelo que todos consideramos natural y hasta necesario. Sabemos que tras un periodo de tiempo razonable, la tristeza habrá de desaparecer y volveremos a nuestra vida normal.

Sin embargo, algunas personas, frente a situaciones de pérdida semejantes, no consiguen elaborar el duelo y caen en un grave estado depresivo.

Desde un punto de vista psíquico, la depresión se caracteriza por ser un estado de ánimo profundamente doloroso, que supone una pérdida de interés por el mundo exterior, así como la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y la disminución del amor propio.

En la depresión, el sujeto sabe que ha perdido algo, pero no sabe exactamente lo que ha perdido con ello. Al contrario de lo que ocurre con el duelo, durante el cual, nada de lo que tiene que ver con la pérdida es inconsciente para la persona que lo padece, la melancolía está relacionada con la pérdida de un objeto que escapa a la conciencia del enfermo.

Otra diferencia destacada con respecto al duelo, es una extraordinaria disminución del amor propio en el sujeto deprimido. El yo de estas personas se haya empobrecido, produciéndose lo que popularmente se conoce como baja autoestima.

El sujeto deprimido se dirige amargos reproches, se insulta, se humilla y espera la repulsa de los que lo rodean. El cuadro de este delirio de empequeñecimiento (principalmente moral) se completa con insomnios y rechazo a alimentarse correctamente (anorexia).

Por todas estas razones, hay que destacar que el riesgo de suicidio, en las personas aquejadas de depresión, es muy alto. Este riesgo se expresa de manera manifiesta, con tentativas directas de muerte, o de forma encubierta, bajo el aspecto casual de accidentes (conducción temeraria, intoxicación etílica, drogas, etc.) o por el riesgo que asume el sujeto de contraer enfermedades potencialmente mortales (SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual, etc.).

Una llamada a tiempo puede salvarle la vida. Si usted o alguien en su entorno más cercano padece alguno de estos síntomas, no dude en llamar a un especialista, consulte con un psicoanalista.

Ruy J. Henríquez Garrido
Psicoanalista