CUANDO EL CANTANTE NO PUEDE CANTAR

 

El psicoanálisis no se propone interpretar el arte, ni al artista a través de sus producciones. Las canciones, como cualquier otra producción artística, constituye una sublimación de los deseos del artista y, por tanto, más que por el inconsciente, debe estar sobredeterminada por las leyes de la poética musical, es decir, por la historia de la poesía y de la música. Es por ello que se dice que la poesía, la pintura, la música, el arte en general, no son producciones del inconsciente.

Sólo si el artista no puede alcanzar aquello para lo que está preparado y cualificado, es decir, si el cantante no puede cantar y al guitarrista le resulta imposible tocar la guitarra, es cuando el psicoanálisis puede intervenir; porque en estas circunstancias existe una inhibición inconsciente del sujeto, algo que desde sí mismo le impide su desarrollo normal como músico o compositor.

Es como si el artista estuviera dividido en dos entidades diferentes: la persona y el artista. Si la persona interfiere con sus problemas, con sus pensamientos y afectos la vida del músico, es hora de acudir a un psicoanalista. La música es un trabajo y el trabajador, mientras trabaja, debe dejar de lado sus asuntos personales, para volcarse de lleno en el trabajo musical que, como se puede comprender, tiene unas leyes distintas a las de la vida cotidiana de las personas. Así, cuanto menos estorbe la persona a su artista, más altas cumbres alcanzará en el arte.

Los grandes artistas se distinguen por su capacidad de mantenerse en su función poética más tiempo que nadie, sin dejarse contaminar o estorbar por las formas cotidianas del pensamiento: como pueden ser los prejuicios, las ideas corrientes o los sentimientos comunes. Esto se expresa muy bien en la película “Amadeus”, de Milos Forman, cuando Mozart dice: “Yo soy vulgar, pero mi música no”.

Ahora bien, las letras de las canciones no son independientes de la música y no pueden ser leídas o interpretadas sin los caminos particulares que trazan para ellas sus partituras. Como sucede con la poesía, en la composición de canciones se utilizan las palabras más por su “musicalidad” o su resonancia, que por su significado, es decir, por una utilidad puramente estética y no por su sentido más o menos racional. Si queremos entender qué quiere decir un poema, un cuadro o una canción, y fijar para ellos un sentido, corremos el riesgo de perdernos la belleza que transmiten, el verdadero goce estético que nos ofrecen.

La riqueza o el valor de la producción artística se funda, en gran medida, en su apariencia de sentido, esto es, en la multiplicidad de sentidos que nos sugiere cada vez que escuchamos una canción.

 

Ruy J. Henríquez Garrido
Psicoanalista