LA PSORIASIS. FENÓMENO PSICOSOMÁTICO

 

La piel es un órgano que no sólo regula la relación del cuerpo con lo que le es exterior, sino que también se ve afectada por las excitaciones que provienen de su interior. Desde antiguo es sabido que la piel pone de manifiesto los estados anímicos del sujeto. El rubor o la palidez, son algunos de los efectos más reconocibles que los procesos psíquicos pueden llegar a tener en la superficie cutánea de nuestro rostro, como signos de vergüenza, excitación, rabia, etc.

El estudio de las enfermedades psicosomáticas desde el punto de vista psicoanalítico, revela que no son productos del inconsciente, esto es, síntomas de la misma categoría que los síntomas histéricos, en las que hay un retorno de lo reprimido, sino que son fenómenos psicosomáticos.

Los fenómenos psicosomáticos se presentan en los sujetos que poseen una determinada incapacidad de simbolización, de elaboración psíquica de la pulsión. En ellos puede rastrearse un antecedente de neurosis actual, por cuanto no interviene mecanismo psíquico alguno en la producción de síntomas, es decir, no hay ni condensación ni desplazamiento.
Ello significa que en el fenómeno psicosomático no hay una realización de deseos, sino que se plantea una cuestión con el Goce. Y no es que el psicosomático goce con la enfermedad, como ocurre en el síntoma histérico, en el que hay erotización de órgano, sino que la enfermedad psicosomática es una manera de gozar con el cuerpo.

Para el enfermo psicosomático sólo hay cuerpo biológico, por cuanto para él es doloroso pensar. No tiene palabras para describir; de ahí la dificultad que los pacientes psicosomáticos tienen al tratar de hablar de su afección.

Ante cualquier estímulo, interno o externo, un sujeto normal debe ser capaz de procesar tanto psíquica como físicamente su excitación. El psicosomático, frente cualquier excitación orgánica, resuelve siempre somáticamente. Si toda excitación somática se transforma, una vez alcanzado cierto nivel, en excitación psíquica, podríamos decir que en la enfermedad psicosomática hay un intento de negar la composición indisoluble de lo somático y lo psíquico en el hombre. La ambición de ser sólo cuerpo se entendería entonces como el propósito de no saber nada de la propia sexualidad.

Aunque la psoriasis es una enfermedad considerada psicosomática, los actuales tratamientos son esencialmente sintomáticos, es decir, tratamientos que sólo pretenden paliar la exacerbación de los síntomas. La concepción crónica de la enfermedad, por otra parte, hace que se abandone todo intento de curación y sólo se pretenda paliar sus distintas manifestaciones.

El psicoanálisis es el tratamiento más adecuado para la psoriasis, ya que es la única disciplina que tiene en cuenta la complejidad psíquica del sujeto que la padece. Su cometido es hacer que el sujeto afectado tenga acceso a la palabra, a la elaboración simbólica, de modo que pueda hablar con algo que no sea su cuerpo, es decir, alcanzando una elaboración psíquica de aquello que por ahora sólo encuentra expresión a nivel somático.

Lo que el psicoanálisis ofrece a los enfermos psicosomáticos es la posibilidad de gozar de un modo diferente, por cuanto el verdadero goce del sujeto es psíquico. No se goza con los órganos, se goza con el lenguaje. Si la estructura es el lenguaje y el órgano es la libido, las palabras son cuerpo sutil. El cuerpo humano es un cuerpo pulsional, libidinal, un cuerpo hecho de palabras.

Ruy J. Henríquez Garrido
Psicoanalista